Presupuesto familiar
¿Por qué sube la cesta de la compra aunque baje la inflación oficial?
El IPC marca descenso, pero el ticket del supermercado no para de crecer. Aquí está la explicación.
Inflación oficial frente a inflación percibida: una brecha que muchos hogares conocen bien
Cuando el Instituto Nacional de Estadística publica que la inflación ha bajado al 2,8 %, muchas familias españolas sienten que ese número no se corresponde con su experiencia en el supermercado. Y no están equivocadas: el Índice de Precios al Consumo es una media ponderada de cientos de bienes y servicios, desde los vuelos en avión hasta los libros de texto, y esa ponderación puede ocultar lo que ocurre en las categorías que más compramos semana a semana. Los alimentos frescos — frutas, verduras, carne y pescado — tienen una volatilidad muy superior a la del índice general, y son precisamente los productos que más peso tienen en el presupuesto de los hogares con ingresos medios y bajos. Así, una bajada del IPC impulsada por el abaratamiento de la energía o los vuelos puede convivir perfectamente con un encarecimiento simultáneo de los productos alimenticios básicos. A esto se suma el efecto de la «inflación subyacente», que excluye energía y alimentos frescos y que, según el Banco de España, se ha mantenido por encima del 3 % durante buena parte de 2023 y 2024, revelando que las presiones de precios en los servicios y los alimentos elaborados son más persistentes de lo que el titular del IPC sugiere.
Qué productos han subido más y por qué
Entre 2021 y 2024, el aceite de oliva acumuló subidas superiores al 70 % en España, empujado por dos campañas olivareras históricamente malas en Andalucía y Castilla-La Mancha como consecuencia de la sequía. El pan y los cereales subieron más de un 25 % en el mismo periodo, arrastrados por el encarecimiento del trigo derivado de la guerra en Ucrania. Estos movimientos de precio responden a causas estructurales — clima, geopolítica, costes de transporte — que no desaparecen cuando el índice general mejora. Para los hogares con presupuesto ajustado, que dedican una proporción mayor de sus ingresos a alimentación básica, el efecto es desproporcionado. La buena noticia es que los mecanismos de moderación de precios — bonificaciones del IVA, acuerdos voluntarios con grandes distribuidores — han tenido un efecto parcial y documentable, aunque limitado. Comprender estas dinámicas permite a los consumidores tomar decisiones de compra más informadas y exigir a los responsables de política económica medidas mejor calibradas.
